
Siempre admiro a quien dice No.
No puedo.
No quiero.
No me gusta.
Pero, sobre todo, admiro a quien recibe un No con la mejor actitud. Eso es señal de madurez y de respeto, cualidades dignas de admiración.
Debería ser normal ver a alguien aceptar un No apropiadamente, pero lo cierto es que son muchos los que se ofenden cuando reciben un No por respuesta.
Esa es la razón por la que no todos nos permitimos decir No, porque no nos gusta sentirnos responsables del disgusto de aquel a quien se lo decimos.
Debemos interiorizar que no somos responsables de la actitud de los demás.
Aprender esto y aplicarlo nos quita mucha carga y mantiene intacta nuestra integridad.
Leí que todo lo que hacemos debemos hacerlo con el corazón. Entonces, ¿de qué nos sirve hacer algo si no lo hacemos con amor? En realidad, de nada.
Pues tampoco ganamos mucho más recibiendo algo que se nos da sin amor.
Por eso, estemos agradecidos con quienes nos dicen No, en lugar de darnos un sí por compromiso.
Sin duda, según sea la situación, no siempre es agradable recibir un No por respuesta. Incluso puede ser doloroso o frustrante.
Pero si lo miramos desde otra perspectiva, descubriremos que muchas veces hay un beneficio mayor en un No sincero que en un sí cargado de compromiso y responsabilidad no deseada.
Cuando los demás vean en nosotros una actitud afable ante un No, será inevitable que recibamos sinceridad. Es agradable relacionarse con quien respeta los tiempos, los gustos y los deseos de los demás.
Nuestra actitud determina el tipo de relación que queremos construir con los demás.
Aceptar los No regala a ambas partes una relación sana, grata y duradera.
Ese tipo de relaciones son como piedras preciosas: valiosas, firmes y dignas de ser cuidadas como tal.
Cada día trae enseñanzas; solo escribo lo que he aprendido.
— Etel Castillo




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