El Respeto que todos Deseamos…

Hay una verdad que me gusta mucho: debemos tratar a los demás tal y como queremos que nos traten a nosotros. Es una regla de oro. No podemos esperar recibir un trato digno cuando no cuidamos la manera en que tratamos a los demás.

Siempre pensé: el respeto se gana.

Entonces mi postura en la vida fue imponente, firme. Pero el afán de conseguirlo, irónicamente, me llevó a no poner en práctica este principio en todo el sentido de la palabra.

Con el tiempo aprendí algo más:

El respeto incomoda.

No es una práctica sencilla, porque implica mucha renuncia a nosotros mismos.
El respeto, a veces, duele.
No es fácil aceptar la mirada diferente.

Si te detienes a reflexionar, te darás cuenta de que hemos aprendido a disfrazar la falta de respeto.

Llamamos bromas a las burlas y a las groserías.
Decimos que son “de cariño” sobrenombres o apodos que, en realidad, agravian la integridad y la dignidad de quien recibe esa expresión despectiva.

Y esto nuestras generaciones lo han heredado, llegando incluso a consecuencias fatales como suicidios u homicidios.

Nuestros niños lo sufren y crecen en modo de defensa, cuidándose, en lugar de disfrutar su niñez y su inocencia.

Respetar no significa estar de acuerdo en todo con los demás para vivir en armonía.

Implica tolerar la mirada diferente y tener cortesía ante la inmensa variedad de formas de vida y de expresiones humanas que existen: lingüísticas, de pensamiento y culturales.

Se nos ha regalado el derecho a elegir.

¿Por qué, entonces, no tolerar la libertad de los demás para decir no?
¿Por qué no poder convivir con quien piensa diferente, sin importar si está equivocado o no?

Y al final he comprendido algo importante:

el respeto no se gana ni se impone,
porque el respeto es un derecho que todos tenemos.

Tal vez el respeto no siempre será fácil, ni cómodo. Pero cuando lo practicamos, incluso cuando cuesta, vemos frutos:

Vivimos con más calma, con más espacio para los demás y, sobre todo, con paz.


Gracias por leer estas líneas.

Cada día trae enseñanzas; yo solo escribo lo que he aprendido.
–Etel Castillo

Deja un comentario